Caridad y política

El pasado primero de enero el Papa Francisco publicó el mensaje para la 52a. Jornada mundial de la paz, encabezado con las palabras “la buena política está al servicio de la paz”. En este mensaje el Papa recordaba las palabras de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, en las que relacionaba la política con la caridad.

En el nuevo mensaje se citaban las palabras de Papa Benedicto XVI: “todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. […] El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. […] La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana”.

Se puede observar que el compromiso por el bien de la “pólis” los extendía Benedicto XVI a todos los cristianos. “Pólis” significa literalmente “ciudad” pero se entiende como toda la sociedad organizada y estructurada con su gobierno e instituciones diversas. Corresponde a lo que hoy denominamos generalmente como un estado. Decir que todo ciudadano tiene un compromiso político ya sería un punto importante, pero lo que Benedicto XVI afirma es que los cristianos están llamados a la caridad en la ciudad, es decir, que como ciudadanos han de preocuparse de la sociedad política, pero además, como cristianos, están llamados a hacerlo inspirados por la caridad.

El texto citado indica además una finalidad hacia donde tiende la acción cuando se sustenta en la caridad, es decir, la edificación de la ciudad de Dios. Obviamente la propuesta no es la de implantar una especie de teocracia clerical, sino la de realmente vivir todos en las condiciones que corresponden a la dignidad humana, como decía san Ireneo “la gloria de Dios es que el hombre viva”.

Por esta razón, el Papa Francisco, después de la cita mencionada dice:  “Es un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad”.

El programa de la paz nos incumbe entonces en cuanto ciudadanos y en cuanto cristianos, para lo cual necesitamos saber trabajar juntos y practicar estas virtudes apenas enunciadas.

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