Iglesia y migrantes

Por: P Pedro Miguel Funes Díaz CCR

La preocupación por los migrantes de parte de la Iglesia no es reciente. Si el Papa Francisco ha indicado cuatro acciones fundamentales respecto a ellos en su último su mensaje para la jornada mundial del migrante, que son acoger, proteger, promover e integrar, lo hace colocándose en la línea que ya habían marcado sus antecesores. Dicha jornada la inició el papa Benedicto XV (ojo no XVI) en 1914.

El año 2004 salió a la luz un documento sobre el tema de parte del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes. En él se señalaba que “La acogida al extranjero, que caracteriza a la Iglesia naciente, es, pues, sello perenne de la Iglesia de Dios. Por otro lado está marcada por una vocación al exilio, a la diáspora, a la dispersión entre las culturas y las etnias, sin identificarse nunca completamente con ninguna de ellas; de lo contrario, dejaría de ser, precisamente, primicia y signo, fermento y profecía del Reino universal, y comunidad que acoge a todo ser humano sin preferencias de personas ni de pueblos. La acogida al extranjero es inherente, por tanto, a la naturaleza misma de la Iglesia y testimonia su fidelidad al Evangelio”.

La Iglesia mexicana el 21 de octubre pasado publicó un documento sobre el tema de la migración y, en particular, sobre los migrantes centroamericanos que cruzan el país. El documento se titula “Los gritos del pobre”. Dicen los obispos “nuestros hermanos en desplazamiento son los verdaderos pobres, a los que estamos llamados a dirigir nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades”.

No han faltado en nuestro país algunas expresiones de rechazo a los migrantes centroamericanos argumentando que se trata de delincuentes. Obviamente es una acusación demasiado amplia y, aún suponiendo que hubiera alguno, extenderla irresponsablemente para aplicarla de modo general a todos es una grave injusticia. Se argumenta también que la promoción de la “caravana” es un asunto político. De nuevo volvemos al mismo punto, porque aunque así fuera, no se puede hacer pagar a las víctimas de un abuso la acción injusta de la que han sido objeto.

Cabe señalar que la Iglesia en México despliega un trabajo particular con los migrantes en ciento tres albergues y centros de atención, pues existe la conciencia de que “todos en la Iglesia y en la sociedad estamos llamados a salir al encuentro de los desplazados y ofrecer nuestro apoyo tanto organizado como espontáneo como principio de humanismo y caridad”,

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