Pablo VI y Mons. Romero: testigos de esperanza

Por: P. Pedro Miguel Funes Díaz

 

El próximo domingo 14 de octubre tendrá lugar en Roma la ceremonia de canonización de varios santos. En la Iglesia Católica esto significa que son ahora incorporados al canon o lista de los santos, es decir, se declara que se hallan en la gloria, que son venerados oficialmente y que se proponen a los fieles cristianos como ejemplo de vida y como intercesores.

Los beatos Pablo VI y Mons. Oscar Romero, (junto con Francesco Spinelli, Vincenzo Romano, Maria Caterina Kasper y Nazaria Ignacia March Mesa) serán pues incorporados al santoral, lo cual nos da pie para señalar en particular la preocupación social que ambos vivieron fuertemente en el desarrollo de su ministerio.

Pablo VI, que antes de ser electo sumo pontífice se llamaba Giovanni Battista Montini, se distinguió por sus encíclicas “Humanae vitae” y “Populorum progressio”, la primera dedicada al tema de la regulación de la natalidad, y la segunda al desarrollo de los pueblos, tuvo que guiar la Iglesia desde el Concilio Vaticano II para que se pusiera al día y al mismo tiempo para mantenerse fiel y conservar el depósito de la fe, en medio de grandes las presiones y confusiones postconciliares.

 

Entre otras muchas cosas, fue el iniciador de la “jornada mundial de la paz”, que se celebra cada año, el primero de enero. En su mensaje solía proponer una parte dirigida a todos los hombres de buena voluntad y una parte, por así decir, más teológica, para mayor provecho de los creyentes.

 

Mons. Oscar Arnulfo Romero se distinguió en el Salvador por su preocupación en favor de del pueblo salvadoreño y en especial de los pobres. Vivió años políticamente muy difíciles para su país. Sus homilías solían comenzar haciendo alguna referencia a las situaciones, los conflictos y las injusticias que él percibía y después trataba de iluminarlos con las lecturas de la misa, sobre todo con el Evangelio. Siendo una figura incómoda para algunos, murió asesinado mientras celebraba la santa misa.

Ya que los santos se proponen como ejemplos, está claro que en estos dos pastores se hallan ejemplos para los pastores de nuestros días. Un Papa santo debe ser inspiración para todos los que llegan a ocupar la sede de Pedro y un obispo santo debe serlo para los obispos, sucesores de los apóstoles. Sin embargo todos los fieles son llamados también a tomarlos como modelos de vida, “mutatis mutandis”, pues hacen notar elementos básicos de la vida cristiana, como en estos dos casos, la preocupación social.

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.