Éxodo y libertad

Por: P Pedro Miguel Funes CCR

 

El “Compendio de la doctrina social de la Iglesia”, publicado el 2004, recuerda que en el libro del Éxodo se narra que Dios, viendo a su pueblo esclavizado decidió actuar “para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel”. En el Compendio se comenta que “la cercanía gratuita de Dios … se manifiesta en la liberación de la esclavitud y en la promesa…”. Se trata de la promesa de estar cercano al pueblo, que a su vez ha de cumplir la ley.

Ya en 1984, en la instrucción “Libertatis nuntius”, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se había hecho referencia al tema advirtiendo que “la liberación del Éxodo no puede referirse a una liberación de naturaleza principal y exclusivamente política”, porque quería evitar que se olvidara el significado espiritual de la liberación, que es la liberación del pecado.

Naturalmente, no se negaba la parte política y por eso, en 1986, en la instrucción “Libertatis conscientia”, del mismo dicasterio, se afirmaba que “El acontecimiento mayor y fundamento del Éxodo tiene, por tanto, un significado a la vez religioso y político. Dios libera a su pueblo, le da una descendencia, una tierra, una ley, pero dentro de una Alianza y para una Alianza. Por tanto, no se debe aislar en sí mismo el aspecto político; es necesario considerarlo a la luz del designio de naturaleza religiosa en el cual está integrado.”

El Compendio, siguiendo la enseñanza bíblica, relaciona la promesa con “el compromiso de la Alianza, propuesto por Dios y asumido por Israel” y, lógicamente, con el Decálogo de los mandamientos, de modo que concluye que “La existencia moral es respuesta a la iniciativa amorosa del Señor… cooperación con el designio que Dios se propone en la historia”.

Esta línea de interpretación del Éxodo nos permite a los creyentes ligarlo con el empeño de promover la verdadera libertad de las personas en la sociedad, lo que sin duda incluye aspectos políticos, económicos y otros, entendiendo la libertad no como libertinaje ni mucho menos, sino como capacidad de autodeterminación en vistas a la propia perfección.

Los creyentes hemos de preocuparnos ante todo por la liberación en su nivel fundamental, que es la liberación del pecado, pero también, como un deber moral a ello conectado de la liberación en su aspecto temporal, lo que significa buscar la justicia y el bien en la realidad donde vivimos, es decir nuestra familia, grupos, asociaciones, ambientes y la sociedad en general

 

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.