Determinación del bien común

Por: P. Pedro Miguel Funes Díaz

 

El bien común suele proponerse como el fin que deben buscar los estados y, por ello, los políticos, pero hay que notar que en realidad no se puede sostener que esta sea una competencia exclusiva del gobierno, mucho menos en un sistema democrático, porque en realidad todos debemos contribuir a la consecución del bien común, es decir, todos debemos participar en la creación de las condiciones para poder vivir dignamente y realizarnos como seres humanos. El gobierno tiene aquí, sin duda, una importante misión, de acuerdo a la conocida división de poderes, y desde cada uno de ellos se han de procurar armonizar los diferentes intereses de los grupos y de las personas, para que en el marco de una justa legislación se promueva y proteja la justicia, la equidad y la solidaridad de todos.

El bien común no es un algo autárquico y separado del bien de las personas individuales porque finalmente es bien para todos y para cada uno, aunque a veces pueda exigir sacrificios y conllevar dificultades. Aunque se apoya en la igual dignidad de las personas, que es la misma en todo tiempo y lugar, necesariamente se halla vinculado a las circunstancias históricas y a posibilidades particulares. En este sentido, el bien común adquiere determinaciones peculiares y es fácil entender que no era posible, por ejemplo, pretender que hace algunos siglos los pueblos y ciudades pudieran contar con ciertos bienes, por ejemplo, luz eléctrica, que ni siquiera se habían inventado.

Si bien no es posible determinar de modo exhaustivo unos parámetros de bien común en todas y cada una de las circunstancias imaginables, sin duda en cada época y en cada ámbito conviene preguntarse qué es lo que permite a las personas de una sociedad realizarse y tender a su perfección, para buscar establecerlas y solicitar a los políticos que se ocupen de alcanzarlas. Esto nos lleva a otra consideración, ya que el bien común no es ante todo un conjunto de bienes materiales que permiten un bienestar simplemente económico, evaluable en términos de dinero, sino algo de mayor entidad.

El bien común comprende sobre todo ciertas condiciones que provienen de realidades intangibles, como la justicia. Aun cuando se discuta sobre si la presunta propiedad física de alguien le pertenece realmente o pertenece a otro que la reclama, y se discute por ello sobre bienes materiales, la decisión y el resultado final es justo o injusto, lo cual no es un objeto que pueda ponerse sobre la mesa, sino una relación entre las personas.

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