Persona y comunidad internacional

Por: P. Pedro Miguel Funes Díaz

 

Los seres humanos hemos llegado prácticamente a todo el mundo. Ciertamente existen áreas en las que no se hallan asentamientos humanos porque las condiciones no lo permiten. Los estudiosos de hoy en el campo de la paleoantropología, genética y ciencias afines piensan que el punto de partida de esta expansión del “homo sapiens” se halla en África. Si bien en el mundo hallamos muchos pueblos, lenguas y culturas con una diversidad sorprendente, no deja de ser menos sorprendente la unidad que puede percibirse en todos ellos. Dicha percepción ha ido creciendo gradualemente y hoy se encuentra bastante extendida, al menos como referencia ideal, aunque por otro lado existen tendencias y corrientes que se resisten al reconocimiento de la unidad.

Los textos bíblicos de los orígenes de la humanidad manifiestan desde otro punto de vista la unidad del género humano y, más tarde, al llegar al Nuevo Testamento, nos presentan a Jesucristo como modelo de la humanidad. Ahora bien, el mensaje cristiano ofrece una visión universal de la vida de los pueblos sobre la tierra apoyada sobre la propuesta de la unidad de la familia humana.

La unidad humana puede verse desde varias persopectivas, una es la del origen, como hemos dicho arriba, pero también puede verse desde el punto de vista del caminar humano y de la historia, en sentido amplio, donde la unidad de origen debería reflejarse en la solidaridad de unos con otros, pero que, en cambio, nos muestra muchos altibajos. Por lo mismo, existe una unidad “in fieri”, que debe ser construida y que exige a su vez una unidad de metas y fines. El anhelo de justicia y paz es universal, y para alcanzarlas se debe promover una unidad no basada en las armas, el terror o la prepotencia, sino gracias al desarrollo de la solidaridad humana o, hablando cristianamente, gracias a la caridad.

Decía Juan XXIII en la “Pacem in terris”: “Ninguna época podrá borrar la unidad social de los hombres, puesto que consta de individuos que poseen con igual derecho una misma dignidad natural. Por esta causa, será siempre necesario, por imperativos de la misma naturaleza, atender debidamente al bien universal, es decir al que afecta a toda la familia humana”.

La dignidad de la persona, que necesariamente implica la dignidad de cada una y la necesidad de inter-relacionarse con las demás personas para poder perfeccionarse como tal, es la referencia esencial que puede dar sustento a la comunidad internacional, porque las naciones no tienen consistencia sin las personas que las forman, que  no son solamente los presidentes y estadistas.

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