Apóstol Santiago

Por: Jorge Fernando García Aceves

“Ellos dejaron al instante la barca y su a su padre y le siguieron” Mt. 4; 22

Para gloria de Dios el día de ayer conmemoramos a uno de los grandes santos de la Iglesia, que, además, fue uno de los cuatro primeros apóstoles que fueron llamados por Jesús en el Mar de Galilea, Iacob o mejor conocido como el Apóstol Santiago o Santiago el Mayor. Lo poco que conocemos de la vida se Santiago lo conocemos por medio de las Sagradas Escrituras y la santa Tradición. Este apóstol nos deja maravillados ante tal respuesta inmediata de creer en el llamado de Jesús. En los evangelios sinópticos es donde encontramos referencias más exactas del Apóstol Santiago y su desenvolvimiento dentro del plan de salvación de Jesús para los hombres.

En los evangelios de Marcos y Mateo encontramos más explícitamente este llamado que Jesús hace a sus primeros discípulos. Ya después de haber llamado a Simón y su hermano Andrés a ser pescadores de hombres “continúo caminando un poco y vio a Santiago, el de Zebedeo y a su hermano Juan que estaban también en la barca arreglando las redes. Al instante también los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.”[1] Sale a la luz un punto importante, Jesús llama a quien quiere, así nos lo afirma al momento de elegir entre sus discípulos a los 12 apóstoles.[2] Él siendo Dios y Hombre, sondea los corazones de todos y conoce a quienes llama a su servicio. Y en este llamamiento al servicio de Él, llama a aquellos hombres que cumplen su labor diaria, porque a los apóstoles que ha llamado, no los ha encontrado tirados al sol y sin hacer nada, sino siempre cumpliendo su deber. Y ante tal afirmación debemos darnos cuenta que el llamado vocacional no viene de la nada, sino que resulta del ejercicio diario de nuestro deber como cristiano, en el trabajo, la familia, deberes cívicos, pero sobre todo en la oración y sacramentos.

Santiago como discípulo y apóstol de Jesús, tuvo mucho acercamiento con él, a tal grado que fue de los únicos que le toco presenciar la Transfiguración en el monte Tabor[3], fue testigo de varios milagros de Jesús, como la resurrección de la Hija de Jairo[4] y por supuesto el acompañamiento en el Huerto de los Olivos. Pero no solo demostró esa cercanía, sino que demostró ser un apóstol de un carácter y temperamento muy duro, a tal grado que Jesús le pone de sobrenombre junto con su hermano Juan, los hijos del trueno o Boanerges[5]. Este sobre nombre lo dejan muy en claro en un pasaje evangélico donde después de visitar un pueblo de samaritanos para preparar una posada para Jesús y haber sido rechazados Santiago y Juan exclamaron a Jesús “Señor ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo y los consuma?”[6] Ante esta exclamación de los apóstoles, Jesús hace una llamada de atención. A este ejemplo de los apóstoles, debemos darnos cuenta que Jesús quiere entrar en los corazones de cada uno, no a la fuerza, ni de manera violenta, sino siempre de manera voluntaria y amorosa. Y es que pasa comúnmente que en el apostolado de compartir la fe cristiana en nuestro ambiente queremos convencer a los no creyentes en Jesús y su Iglesia de manera obligatoria, a fuerza de presión social y moral. Jesús busca un reinar en cada hombre de forma libre y voluntaria. Este pasaje, además, nos muestra con claridad que hasta los Apóstoles tenían defectos, que, con la ayuda de Jesús, iban puliendo para de esta forma ser mas santos.

Tenemos además otra aparición en las Sagradas Escrituras de Santiago y su hermano Juan, donde se acercaron a Jesús haciéndole la siguiente petición:

“Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a derecha y otro a tu izquierda. Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber de la copa que voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que voy a ser bautizado? Ellos respondieron: Si podemos. Desde luego que beberéis la copa que yo voy a beber, y también seris bautizados con el bautismo con que voy a ser bautizado. Pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mis manos concederlo. Sera para quienes así esté dispuesto.[7]

En este pasaje nos damos cuenta de las ansias del seguimiento de Jesús, una convicción profunda de querer estar con él allá en su Reino, pero Jesús hace una sentencia muy clara que marcara la forma de ganarse estar en el cielo, y es el martirio. Parte de las bendiciones que Jesús da a cada uno de los que le desean seguirle, es una forma efectiva de ganarse el cielo y estar junto con él, esta es el compartir parte de los padecimientos de su Pasión. Para Santiago claro que se le concedió tal deseo. Luego de la ascensión de Jesús a los cielos y de recibir el mandato de Jesús de anunciar la buena nueva, fue a evangelizar asía occidente, en España y cerca de Portugal, luego de su regreso el rey de Judea Herodes de Agripa manda dar muerte a Santiago decapitándolo.[8]

Claro este deseo le fue concedido por su fiel seguimiento en cumplimiento de los mandatos de Jesús, como el ser servidores, en vez de ser servidos,[9] de permanecer en constante oración al Padre siempre en unión fraterna “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y de sus Hermanos.”[10]

Nosotros cristianos a ejemplo de Santiago Apóstol debemos estar siempre dispuestos a la voluntad de Jesús, con una fe inquebrantable, una fidelidad fuertísima y un deseo ardiente de vivir con Jesús en su Reinado, con la firme convicción que para poder lograrlo hay que aceptar beber del cáliz de Jesús y ser bautizados con el mismo bautizo que él. En otras palabras, aceptando el martirio de cada día con una caridad impecable.

[1] Mc. 1;19-20

[2] Mt. 10;2-5

[3] Lc. 9;28-36

[4] Mc. 5;21-43

[5] Mc. 3;17

[6] Lc. 9; 52-54

[7] Mc. 10; 37-40

[8] Hch. 12;2

[9] Mc 10; 43-45

[10]Hch. 1;14

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