Ganar o perder

Por: P Pedro Miguel Funes Díaz CCR

 

El partido contra Brasil, en el campeonato mundial de fútbol, lo perdimos por dos goles y obviamente los brasileños ganan. Quiero decir que aquí, en este ámbito, unos ganan y otros pierden, porque así es el deporte y así es el juego. La cuestión es si puede extenderse este punto de vista a otros ámbitos, como por ejemplo el político.

Es fácil ver las analogías, por ejemplo en las pasadas elecciones, ganan unos, pierden otros, unos se alegran, otros se entristecen. Sin embargo la comparación no puede extenderse demasiado, porque en un caso se trata al fin y al cabo de un juego, mientras que en el otro caso se trata del gobierno de la comunidad política.

Si en las elecciones hay ganadores y perdedores, cosa natural, no debería de haber perdedores en la vida social y política, puesto que esta actividad se ha de determinar por el bien común, que es bien de todos. Quien es elegido éticamente está obligado a transitar los caminos del progreso no nada más en beneficio de quienes le dieron su voto, sino también e igualmente en beneficio de todos en justicia y equidad.

 

El sistema democrático de la elección de los gobernantes es sin duda un progreso muy grande, sobre todo si se recuerda que antes mucho de esto se decidía por medio del uso de la fuerza. Por eso es preocupante que haya habido tantos muertos entre los candidatos a diversos puesto a lo largo del país. Creo que no es la sociedad mexicana en general lo que se halla detrás de esa violencia, sino ciertos grupos criminales.

Por otra parte, todos debemos ser conscientes de que el hecho de que se elijan a tales o cuáles personas para los puestos de elección popular no es garantía de que sus juicios y decisiones sean necesariamente correctas. Existen casos en la historia de personajes que habiendo llegado por medios legítimos, incluso democráticos, han dejado una huella deplorable de daños a sus pueblos y a la humanidad.

Ganar o perder en las elecciones políticas es sin duda importante, pero sería muy poco quedarnos en ese punto. Ni los que ganan ni los que pierden las elecciones en un sistema democrático han llegado a la meta. Unos tendrán que cumplir su papel de gobernantes y otros de oposición, pero todos construyendo de un mejor país.

Los ciudadanos no han terminado tampoco su papel. Más allá del voto, está el esfuerzo cotidiano por trabajar y salir adelante con sus familias y agrupaciones varias. El trabajador, el empresario, el padre de familia, el maestro, el comerciante, etc. deben ahora con mayor razón hacer oír su voz.

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