Participación

Por: P. Pedro Miguel Funes Díaz

 

“La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia”. Así comienza lo relativo a “participación y democracia del “Compendio de doctrina social de la Iglesia”.

Me llama la atención la parte final, que nos habla de la participación como garantía de la democracia, como aquello que puede evitar que la democracia desaparezca. Si se mira la historia, se hallan ejemplos de regímenes que accedieron al poder por la vía democrática y que se convirtieron en amenazas incluso mundiales.

Garantizar, en lo posible, la democracia exige entonces una participación que no puede comprender solamente ir a votar el día de las elecciones, sino que supone una actitud permanente en los ciudadanos que actúan y se manifiestan en muchos momentos de la vida pública en orden a que la comunidad política que todos conformamos progrese y se perfeccione.

Cuando se dice que tales elecciones, actuales, son “históricas” se pueden llegar a oscurecer lo que las precede y lo que les sigue. Que sean históricas sería quizá más adecuado que lo dijeran los futuros historiadores, pero para nosotros lo importante es una participación que se extiende más allá de la introducción de una boleta en la correspondiente urna.

La participación es el pilar más importante que sostiene la democracia, por lo que sin participación constante, un sistema basado tan solo en elecciones puede en realidad ser muy poco democrático. Ahora bien, en la cita de arriba se asentaba que la participación es una de las “mayores aspiraciones” del ciudadano. Lógicamente se afirma tal cosa como el deber ser, como lo natural en los ciudadanos, pero está claro que esta aspiración se puede apagar y que se necesita promover.

El país sufre muchos problemas, algunos enquistados desde hace mucho tiempo. Esos problemas no se resolverán por arte de magia por medio unas elecciones, sino que se podrán ir resolviendo en la medida en que la participación ciudadana se mantenga y crezca. Ciertamente la participación no es todo, pues ella cobra sentido en relación con la paz y con el bien común, en el respeto de la verdad, justicia y la libertad, bienes a los que está llamada la humanidad.

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