San José: virginum custos et pater

Por: José Guillermo Ortiz Hernández, CCR

 

Desde niño había sido significativo para mí el día de san José, tanto porque llevo ese nombre, como porque mi mamá es Josefina, al igual que mi hermana, mi papá también era José, uno de mis primos más queridos es Pepe, en fin, el 19 de marzo, por muchos motivos, ya era uno de mis días favoritos del año, sin embargo, faltaba algo importante: celebrar al señor san José.

Dios me dio la oportunidad de conocer más a mi santo patrono al entrar con los Cruzados, ésta se convirtió,  junto con muchos otros regalos que me ha dado el Señor por seguir mi vocación, en uno de los ejes y pilares que han sostenido mi llamado: san José ha sido siempre mi custodio y protector, pero ahora, no sólo es como un árbol que me da sombra y cobijo en los días difíciles, sino es una estrella que me guía en el camino claroscuro de la vocación, es un modelo de cómo ser un varón consagrado y entregado a Jesús.

El 8 de agosto de 2010 san José me dio la bienvenida, junto a otros 6 muchachos, a iniciar el año de prueba, la casa en la que iniciábamos esta aventura estaba volviéndose a usar, por lo que no estaba totalmente dispuesta para vivir cómodamente, por ejemplo, no había gas, así pues, ni podíamos cocinar, ni bañarnos con agua caliente, eso y otros pequeños detalles nos unió como comunidad la cual llevó el nombre de mi santo patrono: san José.

A uno de nuestros superiores se le ocurrió la maravillosa idea de ponernos bajo el auxilio de nuestro patrono, por lo que, junto a la imagen de nuestro santo que preside la sala, empezamos a llenar un canastito con peticiones para que intercediera por nosotros, primero fueron materiales y poco a poco vimos los trabajador que es san José, la instalación de gas fue pronta y a las semanas nos instalaron calentadores solares, también cortinas, incluso, para febrero del 2011, nos había mandado unos hermosos vitrales para la capilla de la casa, en fin, resultó de sobra efectiva la canastita de peticiones.

En mi comunidad josefina empezamos la novena para prepararnos a la fiesta del santo patrono del año 2011, volvimos a llenar el canastito de intenciones, ahora de todo tipo, materiales y espirituales, tanto por necesidades propias como de nuestros apostolados, familiares y bienhechores, por las noches rezábamos con la letanía a san José, la cual me reveló muchas características de san José que desconocía y a la vez me descubrían lo hermoso que significa llevar ese nombre. De ese año en adelante san José no sólo fue un mandadero para mí, se convirtió en mi modelo, en el anhelo que mi corazón deseaba seguir para servir a nuestro señor Jesucristo.

Pasaron 3 años y medio de filosofía y entre las inquietudes y dudas que llegan dentro de la vocación, llegó el momento de confirmar el llamado. Una de las dudas que me hacía tambalear era el carisma de los CCR, no abundaré en el tema, sólo diré que no comprendía bien en que consistía ese acompañamiento a los laicos que buscan construir el Reino de Cristo en lo político-social, en fin, me puse en manos del buen san José y en esos momentos de duda me llegó un gran recado de mi patrono. En diciembre del 2014 la comunidad de teología de los CCR recibía la encomienda de dirigir una comunidad parroquial, la cual había sido construida por los misioneros josefinos y que llevaba el patrocinio de la Sagrada Familia, se ubica en la colonia Portales y es donde actualmente vivo ¿Qué significado le di a esto? Que san José me invitaba a seguir adelante, pues me iba a seguir cobijando con su protección. Fue decisión de los superiores que yo pasara de filosofía a teología directamente, por lo que llegué a esta parroquia e inmediatamente muchos signos josefinos se convirtieron en luz para mi vocación tambaleante y, como gracia de Dios, san José me hablaba en todos ellos para que dejara que el Espíritu Santo moldee mi corazón en otro Cristo, en otro Cruzado entregado a la misión por el Reino. El 1 de mayo del 2017, memoria de san José obrero, fue el día en que solicité ser admitido perpetuamente a los Cruzados de Cristo Rey y puse mi consagración en esta obra bajo el auxilio de Jesús, María y José, para que siempre sea un obrero fiel al señor Jesucristo, como lo fue su padre en la tierra.

Con esta entrada no sólo quiero dar testimonio de la protección del señor san José por las vocaciones, sino también exaltarlo como modelo de varón entregado a Jesús y su Reino. Nuestra cultura no ofrece modelos seguros de masculinidad, pues hay una tendencia enfermiza por eliminar el machismo, así como por imponer modelos afeminados que corresponden a la ideología de género. Por esto san José sigue siendo para nuestros días el modelo adecuado para los varones que reconocen la dignidad de su sexualidad y de la total entrega que esta exige al recibir el don del bautismo, no sólo para los varones llamados al sacerdocio, sino para todo cristiano, incluyendo a los llamados al matrimonio, pues en san José podemos descubrir que el amor total y casto es posible y no lleva a otra cosa que a la plenitud de vida que es la santidad.

Invito a todos los lectores de este blog que recurran al auxilio de san José, en especial, a todos esos hombres que tienen un noviazgo y quieren vivirlo plenamente, es decir, en santidad, san José los protegerá de todas las asechanzas que el enemigo hoy hace contra la castidad, te ayudará a ver el rostro inmaculado de María en tu novia y a ver en el futuro matrimonio el sacramento por el que Jesús llenará tu vida. Y si tú estás llamado al sacerdocio, pero las dudas e inquietudes retrasan tu decisión, abrázate a san José, no tengas duda que el Cristo que está en ti será protegido de la mejor forma y llevado a plenitud para alcanzar el ideal de la Cruz. Te comparto la oración con la cual recurro en cada meditación a la compañía de mi padre y modelo: San José.

Virginum custos et pater, sancte Joseph, cujus fideli custodiae ipsa Innocentia Christus Jesus et Virgo virginum Maria commisa fuit; te per hoc utrumque carissimum pignus Jesum et Mariam obsecro et obtestor, ut me, ab omni immunditia praeservatum, mente incontaminata, puro corde et casto corpore Jesu et Mariae semper facias castissime famulari. Amen.

Oh custodio y padre de vírgenes San José, a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes María. Por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, te ruego y te suplico me alcances que, preservado de toda impureza, sirva siempre con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.

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