La santidad, una forma de vida

Por: Miguel Angel Sanchez de la Vega Aguilar

“Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad…” (Flp 2, 12)

Esta gran vocación de todo bautizado es una llamada a la lucha, al heroísmo, a la caridad, es una llamada al amor…

Y me refiero a la vocación a la santidad, esta llamada exige tu respuesta y espera que ésta sea clara y firme.

Como sabemos, el santo es aquel testimonio de vida, es el ejemplo de que se puede seguir, amar e imitar a Cristo.

En la actualidad existe una escasez de bautizados que busquen día a día la santidad, ya nos lo decía el Papa San Juan Pablo II en su exhortación apostólica Christifedeles Laici: “Hoy tenemos una gran necesidad de santos…

Pero podemos preguntarnos, ¿de verdad se necesitan santos en la sociedad? o ¿solo basta con ser un buen ciudadano?… Porque es cierto que hay muchas personas que son buenas en la sociedad ya que se esfuerzan por cumplir de la mejor manera sus deberes diarios, ya sean escolares, laborales o de cualquier tipo. Y también es cierto que el cumplir con nuestros deberes diarios es necesario, es bueno y tenemos que hacerlo. Pero la sociedad y Cristo, nos exigen que seamos santos, que seamos esa luz para aquel que solo ve obscuridad; no nos podemos quedar viendo como muchas personas día a día se encaminan al precipicio de la condenación eterna, porque no encuentran una luz que cambie su perspectiva de vida, no podemos buscar solo nuestros proyectos a pesar de que sean buenos, el negocio de todo católico debe ser el negocio de la salvación de las almas, no podemos decir como Caín: “¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?” (Génesis 4:9).

Nosotros como bautizados, es decir como personas capacitadas para ser santos, paras ser imitadores de Cristo, tenemos el deber de compartir aquello que se nos dio completamente gratis, es decir, compartir la fe y el amor de Cristo.

Si eres padre o madre de familia, debes ser ante tus hijos, testimonios del amor de Cristo, o si eres estudiante debes ser testimonio del amor de Cristo ante tus compañeros o en cualquier en condición que te encuentres, debes de ser el medio por el cual Cristo pueda reinar.

“Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad…” (Flp 2, 12)

 

 

 

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