He hecho el voto de martirio

Por: Gerardo Valle Rodríguez CCR

 

«Madre María:—He hecho el voto de martirio…

Sacerdote:— (…) Habríais dado con alegría la sangre que corre en vuestras venas, la habrías vertido como el agua. ¡Pero cada gota de esta agonía os arranca algo más que la vida!»

 

Bernanos en su obra Diálogo de Carmelitas expresa dramáticamente una realidad desde siempre y hoy en día aún más, poco comprendida, el martirio. Diferente a lo que quizá nos hemos visto tentados a pensar, el martirio no se trata de una realidad fruto de la mera voluntad del hombre, es una gracia que Dios concede como expresión de amor total a Dios. Menciona Benedicto XVI que el martirio es a fin de cuentas una vocación, y por lo tanto no es el resultado de un esfuerzo humano, sino la respuesta a una iniciativa y a una llamada de Dios; son un don de su gracia, que nos hace capaces de dar la propia vida por amor a Cristo y a la Iglesia, y así al mundo.

La madre María, una de las protagonistas de la mencionada obra, clama al cielo, “reclamando” lo que cree pertenecerle: “he hecho el voto de martirio”. Está dispuesta a entregar la propia vida por amor, anhela hacerlo, pero el martirio requiere de dos voluntades: uno que llama, otro que acepta el llamado; uno que ofrece la vida, otro que acepta la entrega. No será el caso de la madre María.

En cambio, Dios le llama por otro camino, otro martirio, quizá más complicado. Entregar la propia vida en un solo momento ante quien muestra descaradamente su odio a la Fe, requiere mucha valentía. Pero entregar la propia vida, en cada momento de la vida, ante el mundo, que parece ahora serle indiferente la fe, eso requiere aún mayor valentía. “Habríais dado con alegría la sangre que corre en vuestras venas, la habrías vertido como el agua. ¡Pero cada gota de esta agonía os arranca algo más que la vida!”. Entregar la vida gota a gota, día a día.

Nuestra realidad cotidiana parece ajena a la posibilidad de un martirio como tradicionalmente es conocido. Es entonces cuando Dios nos hace la invitación que le hizo a la madre María. Tomar la cruz de cada día y seguirlo, vivir un estilo de martirio mucho más silencioso, pero no por ello menos glorioso.

El mundo de hoy necesita de hombres que quieran vivir este martirio de cada día, a través de pequeñas cosas que quizá el mundo ni siquiera lo note y por lo tanto ni siquiera lo reconozca, hombres que estén dispuestos hacer un poco más de lo que les toca, hombres que gasten toda su existencia, y lo hagan por amor. El mundo de hoy necesita de mártires. Y sí, quizá habríais dado con alegría la sangre que corre en vuestras venas, la habrías vertido como el agua. ¡Pero cada gota de esta agonía os arranca algo más que la vida!

 

 

 

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.