Cuaresma y Sociedad

Por: P. Pedro Miguel Funes.

 

Los católicos hemos comenzado la cuaresma el pasado catorce de febrero, miércoles de ceniza. Las prácticas propias de este tiempo se fundamentan en los misterios de la vida de Jesucristo, al tiempo tienen sus precedentes en el Antiguo Testamento.

Vistas desde esta perspectiva, sobresale el sentido social dichas prácticas, sobre todo si atendemos a la predicación de los profetas. Así, en el libro de Isaías se dice: “El ayuno que yo quiero es éste: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: ‘Aquí estoy'”.

Los creyentes vemos en este texto una llamada de Dios que nos llama la atención sobre las cuestiones sociales. Pero el mensaje posee un valor que puede apreciar cualquier hombre de buena voluntad, porque en el libro de Isaías se encuentra una de las principales aportaciones del antiguo profetismo a la cultura ética de la humanidad. En efecto, apoyado en el monoteísmo hebreo de dimensiones no sólo de culto religioso sino también de comportamiento, los profetas en general y el libro de Isaías especialmente, expresaron, obviamente en las categorías y lenguaje de su tiempo, la vinculación entre la creencia en un solo Dios y las relaciones entre las personas, dando un lugar destacado a la necesidad de la justicia.

La cuestión social se puede hallar claramente en el relato de san Lucas cuando nos transmite el cántico de María, conocido como “Magnificat”, que alaba a Dios por enaltecer a los pobres. La predicación de Cristo destaca también en diversos momentos la dimensión social, como se puede notar, por ejemplo, en lo que nos transmite el evangelio de san Mateo, en el que se promete la herencia del Reino a quienes den de comer al hambriento, de beber al sediento, posada al peregrino, etc.

La cuaresma, por lo tanto, debería ser un tiempo para mejorar sí el corazón de cada uno, pues de hecho éste es un aspecto sumamente importante, pero no para quedarse en el terreno exclusivamente individual, sino para que ajustemos conforme a la justicia y a la misericordia las acciones relativas a los demás, y las relaciones sociales.

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