Participación cotidiana

Por: P. Pedro Miguel Funes

Uno de los ideales de la vida social es la verdadera participación de todos en las grandes decisiones sobre los rumbos que han de tomarse en las varias esferas que esa vida social implica. La participación  se ve como una expresión de la solidaridad que debe existir entre las personas, que no pueden alcanzar su desarrollo o realización de modo solitario sino en la red que se forma por las relaciones e interacción  de unas con otras.

Las elecciones de los gobernantes son muy importantes y cuando se habla de participación se piensa sobre todo en ellas, especialemente las que se refieren al poder ejecutivo. Son muy importantes también las elecciones legislativas, pero llaman menos la atención. Sin embargo, las elecciones suponen, para que sirvan realmente al bien de todos, la responsabilidad y la preparación de los electores. Por otra parte, la participación abarca en la vida social mucho más que los procesos electorales.

Ir a votar debería ser una actividad entre muchas otras por medio de las cuales los ciudadanos participan en la vida pública y colaboran al bien común. Independientemente del tipo de actividad en que se desenvuelven, el reconocimiento de su parte de la dignidad de las personas, de cada una, es una condición de su participación para que tenga sentido en la construcción de una sociedad mejor. Esto suele pedirse de los gobernantes, justamente, pero sin duda hay que fomentarlo ampliamente en los mismos ciudadanos.

En la medida en que una sociedad tenga, o mejor dicho, viva una cultura en la que se promueva el interés por el bien de todos, se podrán cumplir la función de las elecciones de gobernantes y legisladores. La respuesta a la pregunta de cómo participar va más allá de recordar que es importante votar, pues la participación se vuelve un acto cotidiano en el que nuestras actividades diaras tienen al mismo tiempo el sentido de la realización personal y el del servicio a la comunidad.

Mientras más y mejor preparados se encuentren los ciudadanos, menor efecto en “ganar votos” tendrán lemas y campañas publicitarias superficiales y más contarán los hechos y las propuestas de quienes buscan un puesto de elección popular. Con esta preparación no me refiero en primer lugar a la de los grados escolares, que obviamente es buena, sino sobre todo a la de la preparación como seres humanos, que comienza en la familia y que se desarrolla en el ejercicio del bien y la búsqueda de la verdad.

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