Tarea Educativa

Por: P. Pedro Miguel Funes Díaz

 

El tema político-electoral suele absorber la atención de muchos de nosotros y es natural que así sea, porque las elecciones son un proceso clave en los sistemas democráticos. Muchos temas se pueden abordar desde la perspectiva electoral y no sería extraño, por ejemplo, tocar el tema educativo precisamente en relación a las propuestas educativas de posibles candidatos y partidos, pero quisiera ver otros aspectos.

Sin restar importancia a las coyunturas electorales, creo que existe un nivel más básico, que se refiere no a lo que pueden hacer los políticos, sino a las bases de la labor educativa de quienes conforman la sociedad, a partir de las cuales se construye la educación en la familia y en la sociedad. Antes de pensar lo que tienen que hacer los políticos, pensemos en lo que tenemos que hacer como familias y como miembros de una comunidad, lo cual nos podrá ayudar a determinar qué pedir o exigir a los gobernantes.

La vida humana se recibe natural y ordinariamente en la familia y es en ella donde por el amor y la solidaridad se transmiten la cultura, la ética, la religión y todo lo esencial para el desarrollo. La obra educativa de la familia es la aportación más sólida al bien común y es el ámbito más adecuado para la formación de la libertad y la responsabilidad, que son premisas insustituibles del compromiso social.

Aquí entra en juego sobre todo  el amor de los padres, al que san Juan Pablo II, en su exhortación “Familiaris consortio”, relacionaba con el derecho y deber de los padres a educar a sus hijos, que consideraba “como esencial, relacionado como está con la transmisión de la vida humana; como original y primario, respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad de la relación de amor que subsiste entre padres e hijos; como insustituible e inalienable, y que por consiguiente, no puede puede ser totalmente delegado o usurpado por otros”.

Son los padres en quienes pesa primero el deber de educar y poseen el derecho a hacerlo también en el campo religioso y el de la formación moral. Este derecho debe ser respetado y promovido por el Estado y por los gobernantes, así como por las diferentes instacias educativas.

Si bien los padres son los primeros, es claro que no son los únicos que se han de ocupar de la labor educativa. Los maestros y las escuelas e instituciones educativas de diversa índole, ya de iniciativas privadas, eclesiales o gubernamentales, aportan sin duda su trabajo y esfuerzo en esta tarea. El ideal de una colaboración de todas estas fuerzas para el bien de todos supone entonces el reconocimiento de la dignidad del educando y de la libertad y responsabilidad primero de los padres y en seguida de las instancias que coadyuban en la educación.

Se necesita ante todo que los padres retomen cada vez con mayor conciencia el papel que les corresponde en la educación. Trabajar por un mejor país comienza por el trabajo educativo que se desarrolla en el propio hogar, que tal vez no produza muchas noticias en los periódicos, pero que es imprescindible para el desarrollo de las personas.

 

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.