Ciencia y Sabiduría

Por: P. Pedro Miguel Funes Díaz

 

A todos nos admira el progreso de la ciencia; como humanos nos hemos preguntado el porqué de las cosas y a través de siglos y milenios hemos ido acumulando conocimientos que gracias al lenguaje y a la escritura, propios de la comunicación humana, se comparten también a través del tiempo. De esos conocimientos, aquellos que se han adquirido con cuidadosa atención a su objeto y por medio de una adecuada metodología son los que llamamos ciencia.

En realidad, son muchas las ciencias porque muchos son los objetos que pueden ser estudiados y muchas las formas de hacerlo. En nuestros tiempos se aprecian especialmente las ciencias experimentales y aquellas que permiten predecir fenómenos; pero no todo puede someterse a experimentos ni todo es predecible. La multiplicidad de objetos de las ciencias y la diversidad de métodos para estudiarlos exige a su vez una gran cantidad de carreras universitarias y muchas especializaciones.

La sabiduría, por otra parte, creo que no ha corrido entre nosotros la misma suerte de la ciencia, porque la hemos olvidado  Ella también implica conocimiento y por ello a veces decimos de quien sabe mucho que  es un sabio; sin embargo la sabiduría significa algo más que la posesión de muchos conocimientos: significa también virtud, significa prudencia. La sabiduría permite ver las cosas desde un punto de vista, por así decir, más elevado, que posibilita descubrir los senderos por los cuales puede transitar nuestra vida.

Para inventar las bombas y las armas actuales, tan poderosas para destruir, la humanidad ha requerido hacer un gran uso de ciencia y tecnología; pero su uso ha demostrado que posee muy poca sabiduría. Sabiduría y ciencia no se contraponen, pero la posesión de la última no garantiza la de la primera.

La característica de quienes se hallan en un cargo de autoridad debería ser ante todo la sabiduría. Así se pensaba en el Antiguo Testamento, cuando la principal alabanza del rey era la sabiduría, como se ve en el caso del famoso rey Salomón. Por supuesto, eran otros tiempos, y el mundo ha cambiado mucho, pero no hemos dejado de ser personas.

Hoy tenemos necesidad, sobre todo en quienes gobiernan, de una sabiduría que sea capaz de mirar desde lo alto y mostrar con obras que es posible la paz y el respeto a la dignidad de cada uno de nuestros semejantes, que es posible integrar la ciencia y la tecnología en un mundo más justo y más humano. Debemos esforzarnos por alcanzar esa sabiduría. Los creyentes sabemos que tenemos que pedirla.

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