Paz, Justicia, Amor.

Por: P. Pedro Miguel Funes Díaz

 

Los conflictos, particularmente las guerras, son una constante en la historia de la humanidad. No parece que tomemos conciencia de lo que es la paz sino por el contraste con estas últimas. Hasta nos parece que la paz es una ausencia, es decir, hay paz cuando falta su contrario, de modo que así la definimos: la falta de guerra. De hecho el diccionario académico dice en la primera acepción que da de esta palabra, que la paz es la “situación en la que no existe lucha armada en un país o entre países”.

El mismo diccionario nos da otras pistas para definir la paz, y propone también la definición de paz como “relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos”. Aquí ya se encuentra un elemento positivo y no solamente la negación. Para que la paz sea algo amable que nos atraiga cuenta sí, que veamos el conflicto como algo a resolver sin llegar a la guerra, pero sobre todo que la entendamos como armonía entre las personas y entre países e instituciones.

Para el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia la paz es la plenitud de la vida y constituye un valor y un deber universal, es fruto de la justicia y el amor, se construye día a día, y florece cuando cada quien asume sus propias responsabilidades.

El misterio de la navidad nos da ocasión para pensar en la paz. Nuestra cultura ha bebido por muchos siglos su idea de paz con el eco de aquellas palabras del Evangelio que siguen resonando todavía “gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Entre nosotros, aún en los no creyentes el anhelo de paz ha encontrado en la navidad, que es el nacimiento de Jesús, un camino de expresión y simbolismo. Por otra parte, es verdad que el ideal “nos ha quedado grande”.

Con todo, la paz es una meta a la que no podemos renunciar, pero nos exige un esfuerzo constante. Si es fruto de la justicia y el amor, quiere decir que dar a cada quien lo que le corresponde y procurar el bien al prójimo son las mejores “estrategias” para llegar a la paz.

El tema de la paz nos conecta a muchos otros que hoy por hoy son importantes, como el de la distinción entre la guerra de agresión y la guerra defensiva, la legítima defensa, la protección de los inocentes, el desarme y el terrorismo. No cabe duda que estos temas y los problemas que implican no es posible solucionarlos solos, menos si somos débiles y con poca importancia política. Pero todos podemos aportar nuestro granito de arena, recordando además, quienes creemos en Cristo, que Él es nuestra paz.

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