Non serviam

Por: Randy Yardley García

 

Alguna vez te has preguntado: ¿por qué no puedo experimentar el amor de Dios? Es posible que pueda no experimentarlo por el pecado. El pecado es la ausencia de la gracia, en un mundo tan avanzado y moderno donde se intenta erradicar la presencia de Dios de la vida del hombre; volviéndonos al lodo de donde hemos sido sacados, de la esclavitud del pecado a la que estábamos sometidos, cegándonos de nuevo al amor inagotable de Dios. Es así como el hombre actual no puede lograr experimentar la presencia viva de Dios en su vida.

Pero si Dios es bueno, ¿por qué existe el mal? El pecado tiene su origen en la decisión que el demonio tomó de no servir a Dios: “Non serviam”.  Lucifer fue quien pronunció estas palabras para expresar el rechazo a servir a Dios en el reino celestial y por su desobediencia se alejó de la presencia de Dios, dando lugar al pecado.

Él no quería servir a las creaturas poco inferiores a ellos, los ángeles. Pero cuando Dios pone al hombre en el paraíso hay una conexión intima entre Dios y el hombre, pero el demonio comienza a tentar a la mujer con probar el fruto del árbol del cual Dios les había prohibido, fracturando así la relación que existía de Dios con el hombre, rompiendo aquella gracia de la que el hombre podía gozar plenamente. Así es como nosotros estamos inclinados a caer en pecado, por las tentaciones que el demonio le ofrece al hombre.

Pero esto no es el fin, “Porque  ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos” (cfr. Rom. 5,12)
Es entonces cuando realmente comprendemos que en este mundo tan efímero lo importante no es cuánto dinero puedas tener, tampoco  es importante el poder; sino solo Dios, él es lo único importante en nuestra vida.

Pero entonces, si Dios lo puede todo ¿por qué no destruye el mal? ¿Acaso el mal es más poderoso que Dios?
Podemos pasar mucho tiempo cuestionándonos esto, que claro es algo muy común en nuestra actualidad querer culpar a otros por nuestros errores, pero Dios no ha cometido ningún error.
Él permite el mal, porque puede sacar un bien mayor.

“El pecado está presente en la historia del hombre: sería vano intentar ignorarlo o dar a esta oscura realidad otros nombres. Para intentar comprender lo que es el pecado, es preciso en primer lugar reconocer el vínculo profundo del hombre con Dios, porque fuera de esta relación, el mal del pecado no es desenmascarado en su verdadera identidad de rechazo y oposición a Dios, aunque continúe pesando sobre la vida del hombre y sobre la historia.” (CEC. 386)
Nosotros sabemos que fuimos creados por Dios, en su infinito amor. Por esto si comprendiéramos lo que somos realmente a los ojos de Dios sabríamos lo importante que sería volver nuestra mirada a Él, volver a restaurar el vínculo que tenemos con Dios, el vínculo que el pecado ha roto, sólo así podremos lograr experimentar el amor inefable que Dios tiene para cada uno de nosotros como sus hijos.

 

¿Qué tengo que hacer para poder experimentar ese amor?

Reconocer que estamos fallando, que estamos cayendo en pecado, confesarlos para así poder tener una relación más íntima con Dios. Él, solo quiere darnos su amor gratuito.
“No hay pecado que Dios no pueda perdonar. Basta que pidamos perdón.” (S.S. Francisco)

 

Somos  pequeños y  frágiles, pero a pesar de nuestra iniquidad, Dios puede levantarnos y sacar algo mejor de nosotros cada día. Solo falta que podamos creer realmente que Él puede lograrlo, reconocer que Él es el único Señor, el único que salva.

 

“¿Sabes cuál es el mejor remedio contra el mal? La confesión semanal” (Gabriele Amorth)

Debemos buscar siempre el amor infinito de Dios, pedirle a Él que rompa las cadenas que nos atan al pecado, que esas cadenas caigan al suelo para que logremos ser libres en plenitud, gozar de la alegría que el mismo Cristo quiere compartir con nosotros. “De igual manera, yo se lo digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte.” (cfr. Lc. 15,10)

El pecado no es más grande que Dios, y Dios no permite batallas que no logremos superar. Tú, al igual que yo, estamos llamados a esta batalla, donde solo ganará un equipo, ¿De qué lado estás tú?
Jesús vino a llamar a los pecadores, vino por nosotros, ningún pecado podrá superar a Dios.

“Pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.” (cfr.Rom. 5,20)

Seguir cuando crees que no puedes más, es poner tu confianza en Dios de que Él te dará la gracia para seguir, esto es lo que te hace diferente a los demás.

Me despido de ti querido lector, deseando que Dios te bendiga, y que con tu vida, des gloria a Dios, un abrazo fraterno en el amor de Cristo.

¡Viva Cristo Rey!

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