Teresa y Pier Giorgio, 24 años vs una eternidad.

Por: Gerardo Valle Rodríguez, CCR.

 

En estos días donde hemos sido testigos de ciertos destellos y deseos de heroísmo juvenil ante ciertas catástrofes, donde por momentos parece querer despertar del profundo letargo de indiferencia y relativismo en que se encuentra sumergida la sociedad, principalmente la juventud actual, es bueno volver la mirada a ejemplos que puedan encausar ese ardor juvenil y muestren que no hay edad para la entrega total de sí mismo.

En estos tiempos donde parece reinar la indiferencia en la juventud, donde grandes acontecimientos comienzan a sacudir algunas almas y mueven a la acción, pero que una vez que ha pasado la catástrofe, parecen todos volver a la normalidad, como si nada hubiera pasado, y comenzamos a olvidar lo que era entregar un poco de uno mismo a los demás; en estos tiempos donde lo característico del joven parece perderse, esa pasión revestida a veces de cierta imprudencia, ese arrojo por las causas grandes, ese espíritu de aventura lleno de idas y vueltas; es en este tiempo que dos jóvenes, un hombre y una mujer, un laico y una consagrada, ambos con un corazón profundamente enamorado, nos muestran con su vida que si se quiere hacer del mundo un lugar diferente, un lugar mejor, no podemos permitir perder ese ardor juvenil.

Teresa del Niño Jesús y Pier Giorgio Frassati, ambos llamados a la presencia de Dios a los 24 años, ambos con una vida corta pero con un corazón enorme. Hay quien piensa que la juventud es para “gozarla”, para “vivirla”. Y quizá no estén del todo equivocados. Pier Giorgio Frassati y Teresa del Niño Jesús nos muestran que algo hay de verdad en ello. ¿Qué puede llevar a un joven a ser santo a tan corta edad? Justamente, vivir en plenitud ese gran regalo de Dios que es la juventud, amar apasionadamente, amar como ama el joven.

¿Qué caracteriza al amor juvenil? Es caracterizado por su pasión, su entrega, porque no escatima en la entrega del corazón por el amado, porque es detallista y sabe mostrar sin temor su amor, porque no mide si mañana habrá algo aún por entregar, sino que da todo y de una vez. Ese es el amor del joven. Y… ¿qué sucede si ese fuego que arde en el corazón del joven es entregado a Aquel que nos amó primero? Sucede que descubres que tu radical ideal en el amor ya ha sido correspondido, cuando un Dios se hizo hombre para morir por amor al hombre, y al descubrirse ésto, no puedes sino seguir amando, y cada vez más profundamente. Este es el amor que guió a Teresa y a Pier Giorgio.

Pier Giorgio Frassati y Teresa del Niño Jesús, dos jóvenes que supieron entregarse a Dios con la vitalidad y  pasión propias de la juventud. Ese amor y esa pasión que llevo a Teresa del Niño Jesús a peregrinar a Roma para pedirle al Papa le permitiera entrar al Carmelo a sus 15 años, pasión que la llevó a no conformarse y buscar la vocación más grande y sublime, aquella que le permitiera ser a la vez profeta y misionero, apóstol y guerrero, mártir y sacerdote, la vocación del amor. Esa pasión juvenil que llevó a Pier Giorgio Frassati  a defender lo que amaba aún a cuando eso implicaba usar la gran fuerza física que Dios le había regalado, amor que lo llevó a subir altas montañas y luego arrodillarse ante los más débiles y enfermos.

Ese era Pier Giorgio, esa era Teresa, dos jóvenes alegres, sencillos, humanos, que con su entrega nos muestran que cuando se unen la pasión propia de la juventud y la búsqueda de la santidad, entonces resurge la esperanza de que realmente, los jóvenes pueden hacer una gran diferencia en el mundo, porque no se escatima en la entrega, porque no se mide en el amor.

Ellos ya se nos adelantaron, pero la historia está deseosa de una nueva generación de jóvenes valerosos dispuestos a entregar su propia juventud en aras de un gran ideal, que no tengan miedo de gastar su vida, corta o larga, sabiendo que lo que se juega es una eternidad. Jóvenes que se atrevan a mirar cara a cara al Crucificado y, como escribiría Juan XXIII en su juventud, “con todo el ímpetu del amor juvenil, jurarle fidelidad absoluta hasta la muerte”.

 

 

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