Elogio a las madres por María

Por: Bernardo Valle CCR

10 de mayo, y como cada año en México, se vive una jornada distinta de las demás, los niños no van a la escuela, en algunos lugares las mujeres salen temprano de trabajar, se venden rosas en cada esquina, los restaurantes están llenos, las familias conviven… todo por celebrar a las madres. En efecto, especialmente en México tenemos una especial sensibilidad hacia las madres, y no importa lo ocupado que alguien esté, el 10 de mayo es un día para dedicar a la madre una llamada, un regalo, un pensamiento, una oración.

Y no es para menos, pues a ellas les debemos tantas cosas, educación, costumbres, bienes materiales, la vida misma nos ha sido dada por su medio. Fueron ellas las que sufrieron desvelos por nosotros cuando apenas habíamos nacido, fueron ellas las que velaron por nuestro crecimiento y nuestra salud, las que curaron nuestras rodillas raspadas cuando, de niños, ignorábamos cualquier peligro, porque mamá podía resolverlo todo; fueron ellas las que escucharon nuestros sueños, las que soportaron nuestras crisis de adolescencia, las que cultivaron nuestros proyectos de juventud.

¡Cuántas cosas podríamos decir de nuestras madres! ¡tantas cosas por agradecer! ¡de cuantas maneras podríamos elogiar su bondad para con nosotros! Y, sin embargo, me parece, la más excelsa es precisamente ensalzar a las más grande de ellas, a la más perfecta y más santa de todas, a la madre por excelencia, en cuyas virtudes están reflejadas, pero en grado excelso, las virtudes de la madres de cada uno de nosotros, a la Virgen María, Madre de Dios y madre de todos los hombres, que con grande ternura cuida de todos nosotros y nos cubre con su manto todos los días de nuestra vida.

María es madre de Dios, dice san Luis María Grignon de Monfort que:

“Dios Padre entregó su Unigénito al mundo solamente por medio de María, El mundo era indigno –dice San Agustín– de recibir al Hijo de Dios inmediatamente de manos del Padre, quien le3ee6e33df8cce0107dcf9c142e4c35ao entregó a María para que el mundo lo recibiera por medio de Ella. Dios Hijo se hizo hombre para nuestra salvación, pero en María y por María.” Ella llevó verdaderamente a Dios en su seno, la creatura portó al creador, la esclava al Señor; su “Sí”, total y confiado en el plan del Señor nos abrió las puertas de la salvación.

María también es verdaderamente madre nuestra, no carnal, sino espiritual, ella es madre de nuestra salvación, pues ella ha engendrado a nuestro salvador. San Alfonso María Ligorio afirma:

Cuando el pecado privó a nuestras almas de la divina gracia, privólas también de la vida. En este miserable estado de muerte vino Jesús, nuestro Redentor, movido por un exceso de misericordia y de amor, a devolvernos, muriendo en la cruz, la vida perdida, como lo declaró con estas palabras: ‘vine para que tengan vida y anden sobrados’ (Jn 10, 10) (…) De suerte que, reconciliándonos con Dios, se hizo padre de las almas de la nueva ley de gracia, según lo había ya predicho por el profeta Isaías: ‘Padre eterno, Príncipe de la paz’ (Is 9, 6). Mas, si Jesús fue el padre de nuestras almas, María fue la madre, porque, dándonos a Jesús, nos dio la verdadera vida, y ofreciendo después en el Calvario la vida del Hijo por nuestra salvación, fue como hacernos nacer a la vida de la gracia.

María, la humilde, es también la grande, la sencilla es también la más perfecta, y siendo la más grande y más perfecta es también la más cercana y cariñosa, la que nos ve con ojos de ternura, la que cuida nuestros pasos, la que está siempre pronta a escucharnos, la que no se cansa de sostenernos. Sin duda ella es la madre de todas las madres, en ella brillan todas aquellas virtudes que Dios ha puesto para engalanar uno de los regalos que ha dado a los hombres: la maternidad.

 

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.