Tras las huellas del testigo

Por: Luis Ignacio Lozano CCR

 

Tres de la mañana, una mezcla de oscuridad y frío que hiela, y en un valle a los pies de la montaña aguardan, al calor de la alabanza y la adoración, el clarear del día para emprender el camino. Doce de la tarde, el sol en su apogeo, ardiendo como en pleno verano, los pies cansados por el largo ascenso, encuentran el descanso contemplando el Misterio celebrado a los pies del monumento. ¿Qué los lleva, año con año, a vivir esto con la misma (o quizá mayor) alegría y entrega de la primera vez?

Porque año con año el itinerario, en general, es prácticamente el mismo. Prepararse en el valle para el camino, subir la montaña, celebrar la Santa Misa, y ofrecerlo todo a Cristo Rey en el monumento. En un mundo de cambios vertiginosos, donde el aburrimiento y la apatía gana a muchos si no experimentan novedades radicalmente diferentes a lo ya vivido, es sorprendente ver tantas almas caminar el que parece el mismo sendero a la cima con una alegría siempre WhatsApp Image 2017-01-30 at 16.42.07nueva.

Este año, nuestro Señor nos concedió emprender por trigésimo cuarta ocasión este camino. Al detenerse un momento y ver a miles de jóvenes de todos los rincones del país llenar el enorme valle, el camino de principio a fin, el monumento mismo, no puede uno más que quedarse maravillado y seguir en marcha con la alegría de saber que tantos más comparten el mismo ideal; es el ideal de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, que mueve los corazones de tantos jóvenes laicos, consagrados, religiosas, religiosos y sacerdotes, en tan diferentes circunstancias, y les participa de Su Cruz en el camino, en la entrega, en el amor y en el servicio.  Más de 40 mil jóvenes este año, y ¿cuántos más han hecho suyo el camino en estos treinta y cuatro años de marcha a Cristo Rey?

Pienso en las huellas que tantos han plasmado en la montaña, y unidas a esas huellas los cantos, los brincos, las porras, las risas, y en el centro las oraciones, los ofrecimientos, el amor puesto en cada paso. El tiempo quizá se haya llevado hace mucho las marcas de estas huellas, pero esta montaña conserva de forma misteriosa todo lo que esos corazones jóvenes han dejado en el camino; y cuando contagias al de al lado (o te contagian) de entusiasmo, cuando te unes al extraño, que ahora es hermano de camino, en la oración, cuando abrazas al amigo que quizá no volverás a abrazar hasta el año próximo, y en el silencio del ofrecimiento o en el canto de la alabanza avanzan juntos, esas huellas se vuelven a marcar, y aún más profundamente, por el renovado ánimo de llegar a la cima y ofrecerlo todo.

Esta vez iba de camino, y al encontrarme a un gran amigo de Torreón, me dijo: “Ten, guardé esto para ti”, y me dio la playera que prepararon para este año. En ella encontré unas huellas que marcaban un camino a Cristo Rey. Me quedé pensando y al fin me di cuenta que estas huellas no eran cualesquiera, sino las de aquel niño que en sangre marcó en el suelo por amor de nuestro Rey: San José Sánchez del Río, “Joselito”, a quien encomendamos la peregrinación de este año. ¡Claro! No fuimos los primeros que marcamos nuestras huellas en este camino. Este testigo insigne de nuestra Fe, camino del martirio, también, en este sentido, rumbo a Cristo Rey, dejó en la sangre de sus huellas el testimonio de la juventud que sigue al que es la Juventud misma. Y nosot
ros hoy le seguimos.

Creo que aquí podemos encontrar algo de razón para que cada año más y más jóvenes dejen sus huellas en el camino y se lancen a Cristo Rey. Al igual que San José Sánchez, nuestra vida está llena de dificultades, de desalientos. Pensamos en las torturas que tuvo que pasar Joselito antes de su martirio, pero recordemos que también vivió la pobreza, la rudeza de la vida en campaña durante la guerra, el cansancio y mucho más. Pues así nosotros también, para que todo esto tenga sentido, lo llevamos, con los pies ensangrentados por el peso, pero con el corazón dispuesto y alegre, a los pies de nuestro Señor en la cima. Aquí encontramos algo que nada en este mundo, ni sus atractivos ni sus placeres, nos puede ofrecer: un sentido a nuestra vida y la profunda alegría de entregarla a a Aquel que nos ama profundamente. ¡Qué dichoso es el corazón del joven que descubre este misterio de la Cruz!WhatsApp Image 2017-01-30 at 13.52.49

Mons. Franco Coppola nos llamó a no dejarnos paralizar por el miedo, nos dio una palabra de aliento para continuar dejando huella de esperanza, de amor, de cercanía con el prójimo. En esta, su primera ocasión presidiendo la Santa Misa en la montaña de Cristo Rey, se unió con entusiasmo al anhelo de tantos jóvenes y nos animó, con palabras de Pastor, a ser fieles.

Al regresar, siempre hay mucho que poner en oración y en vida. Mucho hemos dejado a los pies de Cristo Rey, y con mucho más bajamos de regreso al día con día, con la esperanza de poder seguir, con el testimonio de nuestra fidelidad y entrega, las huellas de aquellos de quienes aprendemos lo que significa ser testigos del Rey: camino de entrega constante y de amor, camino de Cruz.

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