Conciencia y política

Por: P. Pedro Miguel Funes CCR

 

La justicia sólo se puede encontrar entre los seres humanos. Ciertamente en los animales sociables podemos descubrir un cierto tipo de unidad entre los individuos que nos recuerda por analogía la solidaridad humana. Algunos de ellos pueden incluso vincularse fuertemente a las comunidades humanas y a sus miembros incluso afectivamente, como los perros. Sin embargo el considerar que algo le corresponde a alguien y que se le justicia-social-1debe dar porque es un imperativo de la conciencia es una propiedad exclusivamente humana.

Las relaciones entre las personas rebasan el nivel de la fuerza física. Para nosotros no es argumento definitivo el que uno, porque es más poderoso, pueda hacer simplemente lo que desea. Aunque también es cierto que a lo largo de la existencia de la humanidad muchas veces ha sido la fuerza lo que ha determinado un rumbo u otro, es cierto también que las injusticias dejan marcas dolorosas que puede durar generaciones.

En la estructura y componentes del ser humano existe un íntimo deseo de justicia que se apoya, más allá de los instintos, en la comprensión de la realidad y en la capacidad de abstracción que nos separa de las demás especies del reino animal, así como en la facultad de poder desear un bien que no se agota en las cosas materiales. Si los leones le roban su comida a las hienas o los lobos a los coyotes no puede hablarse de injusticia; pero si un bandido roba su comida a un pacífico campesino, por decir algo, indudablemente se produce una fuerte indignación.

La justicia puede referirse a cosas materiales, como la comida, pero su naturaleza va más allá. La conciencia tiene sus exigencias y, aunque es moldeada por las costumbres y educación particulares, sus elementos básicos son comunes, no obstante la diferencia de culturas. Siendo la justicia un imperativo moral, nos conduce al reconocimiento de una facultad, la inteligencia, que es capaz de emitir un juicio que aprueba o condena nuestros actos, que llamamos conciencia.

La conciencia en cuanto característica de nosotros en cuanto seres humanos no puede excluirse del ámbito social. Una sociedad en la que sus dirigentes actúan sin conciencia destruye los fundamentos que le dan consistencia como sociedad. Por ello la política, y sobre todo los políticos, no están exentos de una responsabilidad ética. En este sentido, en un Estado en que se quiera de verdad el bien de sus ciudadanos, basta conformarse con tener buenas infraestructuras, ni siquiera buenas leyes. Se necesitan buenas personas.

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