Libertad educativa        

Por: P Pedro Miguel Funes Días

 

La cuestión educativa ha sido puesta de relieve en nuestro país en los últimos años y en los meses recientes. Las implicaciones de este asunto no son solamente de naturaleza educativa o pedagógica, pues existen factores políticos notables que inciden en las acciones y en las reacciones de los actores de esta problemática. Ligado al sistema educativo mexicano se halla también una lucha de poder político y económico.

La educación en México se desarrolló en el siglo veinte como una estrategia que partía de la cúpula del Estado que se preocupaba sí de alfabetizar, pero también de imponer una cierta visión ideológica a la población. Evitar la competencia de otras perspectivas era una prioridad y así, el mismo Estado generó un monopolio educativo inmenso, bajo el pretexto de ser el rector de la educación, en detrimento de cualesquiera otras opciones educativas, que solamente pudieron sobrevivir en el nicho de la “educación privada”, dirigida a quienes poseían recursos para pagarla.

La lógica del monopolio educativo con un solo patrón (el gobierno) llevó a la generación de un sindicato de enormes dimensiones (SNTE), que se convirtió necesariamente en un costo de poder político inmenso. Reacciones y divisiones como las conocemos (CNTE) siguen dentro de la misma lógica y difícilmente escapan a los intereses político-económicos.

Ciertamente es necesario llegar a una solución al problema de los “maestros” tal como se presenta hoy, y ello sólo será posible con un diálogo en el marco de la ley de los diversos actores. Sin embargo, el problema educativo del país no se resolverá nada más pasado este asunto, por más que sea serio.

Lo que puede encausar al país en el terreno educat
ivo no es la implementación de programas y reformas, como las que en diversos sexenios se han presentado muchas veces. Existe un principio más profundo y olvidado cuando se habla del problema educativo: la libertad.

La educación no consiste en hacer desarrollar las competencias de un educando para que pase a ser después un buen empleado de una cierta empresa, ni en hacerlo construir su ideología para que se convierta en un revolucionario posmoderno. La educación no puede olvidar, ciertamente, ni las necesidades para el trabajo ni la justicia social, pero debe mirar sobre todo al desarrollo de las facultades de la persona como tal, que posee una dignidad basada en que puede, por sí mismo, conocer la verdad de las cosas y buscar el bien, suyo y de sus semejantes.

En México se sabe que la “educación se mama”, es decir, que es en primer lugar algo que compete a los padres y a la familia, porque el Estado no puede erigirse en dueño de las conciencias. Las escuelas y universidades, que no sustituyen este nivel básico y natural, tienen una noble función, que debe ser reconocida y favorecida, pero no como instancia corporativista.

Lo que se necesita en nuestro país es fomentar iniciativas de educación a todos los niveles propuestas por las diversas instancias sociales, quitando los obstáculos y favoreciendo su crecimiento. Los padres de familia deben tener opciones de libertad y en esto falta mucho por construir.

Una respuesta to “Libertad educativa        

  • Ciertísimo querido Pater. Mil gracis por tu análisis. Va un gran abrazo desde León, Gto.

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.