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Vias de solidaridad

En estos días podemos encontrar diferentes situaciones de las personas. Unas no pueden quedarse en casa porque viven al día; otras deben salir de casa porque su actividad es esencial y no es posible que dejen de realizarla, como es el caso de quienes trabajan en el ámbito de la salud, del transporte, de la alimentación, etc.; otras que se quedan en casa mientras cambian las condiciones para retomar de nuevo trabajo, clases y otras actividades.

Un grupo de sacerdotes comenzó en la Ciudad de México las visitas a los hospitales, bien equipadoscon todo el equipo para evitar los contagios en la medida de lo posible, apoyando así a los médicos, enfermeras y personal, sobre todo a los enfermos y, entre ellos, atendiendo incluso a los más graves. Parece que el ejemplo va cundiendo y en varios lugares se preparan equipos que, equipados con cubre-bocas especiales, caretas, guantes etc., según los protocolos exigidos, se aprestan para atender a quienes necesitan su auxilio espiritual.

Creo que todos podemos ayudar. Otras personas he visto cómo han conseguido reunir por colectas entre amigos algo de dinero y han mandado comprar una cierta cantidad de mascarillas, batas, y otras cosas que necesita el personal de salud, preguntando y asesorándose con quien posee los conocimientos técnicos para comprar cosas realmente útiles y distribuirlas entre dicho personal.

Muchas otras personas han incrementado la oración para pedir el fin de la pandemia y no dejan de dedicar un tiempo en el transcurso de la jornada al rosario, a la liturgia de las horas o a otras formas de oración. De esta actitud derivan muchas obras de caridad hacia las personas más vulnerables en la familia y en el barrio o la colonia.

Desgraciadamente es cierto que hay quienes no toman las medidas con la debida seriedad. Algunos parece que piensan que todo es un engaño con no sé que extraños fines. Por mi zona no dejan de verse jóvenes se reúnen para practicar deporte todos juntos, trabajadores que reparten mercancías a domicilio o que son empleados de mensajería sin usar la protección debida, aunque las empresas se las proporcionan (Responden: “es que hace mucho calor…” o cosas parecidas).

Todavía necesitamos crear mucha conciencia. Si la pandemia nos ha dado la oportunidad de re-descubrir nuestra fragilidad, sin duda es también una oportunidad, ciertamente dolorosa, para que se manifieste la verdadera fuerza del ser humano que es la solidaridad. Para los cristianos la solidaridad se potencia y eleva por la caridad. No dejemos de practicarla.

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