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Ideologías y pandemia

P. Pedro Miguel Funes Díaz

Suele llamarse “ideologías” a ciertas propuestas teórico-prácticas que pretendían poder explicar cabalmente la sociedad, la política, la economía y todo lo que con estas se relacione, así como de señalar un camino determinado de soluciones a los problemas del mundo.

Las ideologías de hecho no solucionaron los problemas del mundo, antes muchas veces los agudizaron. Se convirtieron en sistemas cerrados, en cierto modo inmunes a toda crítica. Quienes alcanzaban el poder enarbolando una ideología de éstas obviamente la usaban para mantener su hegemonía, pudiendo dar razón, aparentemente, de todo cuanto sucedía, especialmente de sus errores, culpando de todos los males a los enemigos de la ideología contraria, fueran o no realmente responsables.

A veces se piensa que las ideologías han muerto. La verdad es que han cambiado de apariencia, pero siguen vigentes de una u otra forma, además de que aparecen otras. El influjo de ciertos “prejuicios ideológicos” puede descubrirse en muchos grupos y personajes políticos de hoy en día. Hasta el relativismo al que se podría llegar a causa del cansancio de las ideologías es a su vez una ideología.

La debilidad de toda ideología está en cerrarse a cal y canto a confrontarse honestamente con la realidad del mundo, del hombre y de las cosas. Todo tiene que ser explicado y resuelto ya por la lucha de clases, de donde se sigue el fomento del odio, ya por una libertad absoluta en el mercado, de donde se sigue el abuso sobre los trabajadores, ya por la raza, o por lo que sea. Aquello que escape a la “lógica” ideológica debe ser rechazado.

Una pandemia como la que hoy enfrenta la humanidad debería hacernos abrir los ojos sobre nuestra política y nuestra economía. Pero a veces tenemos la impresión de que se continúa con los prejuicios, como si el virus distinguiera ricos y pobres para determinar a quien atacar, por ejemplo. El virus no es “conservador” ni tampoco apoya la 4T, pero su contagio y peligrosidad para la vida humana son hechos objetivos. Es cierto que sabemos menos de lo que quisiéramos para combatirlo eficazmente, pero no podemos decir “para mí el virus es esto y para ti aquello, cada quien su verdad”.

Como creyentes sabemos que debemos encomendarnos a Dios, pero al mismo tiempo entendemos que hay que hacer muchas otras cosas y que muchas veces enfrentamos incertidumbres y dudas. Ojalá que los prejuicios ideológicos no cieguen a nuestras autoridades.

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